martes, 19 de abril de 2011

La bebida de los dioses

Los seguidores de la serie “Los Simpson” quizá recuerden cuando Homer conversa con unos alemanes que dicen venir del “país de la chocolata”. La expresión no anda exenta de razón, ya que Alemania es el segundo país del mundo que más chocolate (y derivados) produce, sólo superado por EEUU. Inaugurado en 1993, el Museo del Chocolate de Colonia es uno de los 10 más visitados de todo el país. El museo guía al visitante no sólo por todo el proceso de fabricación, sino también a lo largo de la historia del delicioso manjar (¡sí, manjar!); posee incluso un jardín tropical en el que crecen una gran variedad de plantas, incluyendo la del cacao. Y ya que el pasado Sábado decidí dejarme caer por allí, permitidme contar parte de la historia.

El árbol del cacao nació en la cuenca del Amazonas, y se cree que los primeros en cultivarlo fueron los olmecas, en torno al 1500-1000 a. C. Los mayas fueron más lejos, ya que no sólo crearon inmensas plantaciones para el cultivo en masa sobre el 500 a. C., sino que además lo introdujeron en el mercado azteca. Tanto mayas como aztecas empleaban el cacao como medio de pago, con fines medicinales y, especialmente, como ofrenda a los dioses. Elaboraban una bebida a base de semillas de cacao, pimienta y chile, que era consumida por las clases dirigentes y por los sacerdotes durante los rituales religiosos. Esa “bebida de los dioses” fue bautizada por los aztecas como xoco-atl (xoco = amargo, atl = agua), y era considerada como fuente de sabiduría y energía (y sí, también como afrodisíaco); de hecho, se sabe que el emperador Moctezuma II (1466-1520) y sus guerreros la bebían en grandes cantidades.

Se dice que en 1502, en el transcurso del cuarto de sus viajes, Cristóbal Colón probó la bebida y no quedó demasiado impresionado. No sería hasta 1528 cuando el “oro marrón” cruzaría el charco gracias a Hernán Cortés, quien lo introduciría en la corte del emperador Carlos V (1500-1556). De hecho, cuenta la historia que un monje cisterciense acompañó a Hernán Cortés a México y envió el primer cacao, junto con la receta del chocolate, al abad del Monasterio de Piedra (Zaragoza), en cuya cocina se elaboró el delicioso manjar (¡sí, insisto!) por primera vez en Europa. Por ello, resulta curioso que, durante un tiempo, la Iglesia Católica se preguntara si el consumo de chocolate era pecado debido al placer que proporcionaba; durante los s. XVI y XVII el asunto se convirtió en cuestión teológica de primer orden, la cual no fue resuelta de forma definitiva hasta el pontificado del Alejandro VII (1599-1667).

La bebida, a la que se le añadió azúcar y miel para adaptarla al paladar de la corte española, pronto se popularizó entre los estratos más altos de la sociedad, y en el s. XVIII su consumo (aún en forma de bebida caliente) ya se había extendido entre las cortes de toda Europa. Sin embargo, no sería hasta el advenimiento de la Revolución Industrial (s. XVIII-XIX) cuando dejaría de considerarse un alimento exclusivo de ricos. La invención de la máquina de moldeo en 1846 permitió la manufacturación de barras de chocolate, y con ello, se abrieron las puertas de la producción industrial en masa, dando lugar a la infinita gama que podemos disfrutar en nuestros días.

Y aunque hoy en día la fama la tengan los suizos, los belgas o incluso los alemanes, no hay que olvidar que fueron unos monjes españoles los primeros europeos en preparar esa “bebida de los dioses”. Al menos eso fue lo que me dijeron hace unos años, cuando fui a visitar el bello, bellísimo, Parque Natural Monasterio de Piedra y su antiguo monasterio. Pero esa… es otra historia. Disfrutad ahora de las fotos que tomé en el Museo de Chocolate de Colonia, en algunos momentos con no poco esfuerzo debido a una total turbación de mis sentidos. Creo que es hora de reconocer mi adicción al chocolate, si es que aún no os habéis percatado de ello…


Fuentes:

6 comentarios:

  1. se me ha caido la baba sobre la agenda tres veces por lo menos, mu rico Amaya!

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  2. Pues no te digo cómo se me caía a mí en el área de fabricación, donde sólo el olor era una tortura psicológica de primer orden. Ver cómo van mezclando los ingredientes, tamizándolos, moldeándolos, guaaaaaaaarrrrrrrgggg... Vaya, he entrado en "modo Homer Simpson". xD

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  3. Yo viviría sólo de chocolate.....muy interesante tu artículo =)

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  4. ¿Será verdad eso de que el chocolate te hace sentir el mismo efecto que estar enamorado? Dicen que es por eso de la serotonina y dopamina...

    Me encantó tu post Amaya.

    Por cierto, te añadí a mi blogroll ;)

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  5. ¡Gracias Diego! Coincidimos en nuestros gustos. Es más: he sido capaz de quitarme del tabaco después de 15 años fumando. Podría quitarme del queso, que es una de mis alimentos favoritos. Me podría desenganchar hasta del Real Madrid. Pero del chocolate... ¡¡¡NO!!! Es una adicción de la que no tengo ninguna intención de curarme. :)

    Carlos, no sé si es el mismo efecto o no, pero por el bien de mi chico, espero que nunca se interponga entre el chocolate y yo. :) Por cierto, gracias por lo del blogroll, es un honor viniendo de ti (tú blog fue el primero en ser añadido al mío, jeje).

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  6. Mucha gente asocia el sabor del cacao con el del chocolate, nada más lejos de la realidad. Por eso, como indicas, su nombre xoco = amargo.

    Un saludo

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